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...De acuerdo con la revista médica The Lancet, el primer caso confirmado en personas se produjo en California, cuando los expertos de los Centros de Control de Enfermedades en Atlanta (CDC) constataron en dos individuos la presencia del virus que la causa, el H1N1. Era 21 de abril. Cuatro días después, las autoridades mexicanas anunciaron que habían detectado el mismo germen. El torbellino de personas asustadas, colegios vacíos y mascarillas en la calle ya nos son familiares...

Swine Flu

El pasado abril, la Organización Mundial de la Salud hizo saltar las alarmas por la rápida transmisión del nuevo virus de la gripe porcina. En poco más de un mes desde su detección en México, el N1H1 afectó a unas 1.600 personas y dejó más de 40 muertos.

En febrero de 1982, un brote de gripe porcina en el estado de Nevada (EE UU) acabó con la vida de una niña de cuatro años. Los investigadores temieron una epidemia que finalmente no se produjo. El virus que se aisló de la pequeña resultó ser muy parecido a otro que en 1976 había causado una de las alarmas epidemiológicas más importantes en la historia del país. El agente viral mató a un militar en Fort Dix (Nueva Jersey) e infectó a 200 cadetes. La alarma desatada fue tal, que el gobierno del presidente Gerald Ford inició un programa que costó 135 millones de dólares para vacunar a más de 40 millones de americanos. La medida tuvo que ser suspendida, ya que la administración del fármaco se relacionó estadísticamente con una enfermedad paralizante llamada síndrome de Guillain-Barré. Los lotes de vacunas se destruyeron, pero la amenaza de la gripe –también llamada influenza– no desapareció. Entre diciembre de 2005 y febrero de 2009 se contabilizaron 12 casos más en EE UU.

La historia se repite con muchos de los patógenos que infectan poblaciones animales, ya sean cerdos, aves o jinetas. Siempre están ahí, al acecho, dispuestos a saltar a las poblaciones humanas a la menor oportunidad. El de la gripe porcina, cuyo virus se transmite por el aire, es un caso más. Como el consumo de carne de cerdo no implica ningún riesgo de transmisión, para eliminar de su nombre referencias que afecten a las industrias cárnicas, se ha rebautizado como gripe A. La crisis, que tomó forma en México el pasado abril, se remonta al pasado 18 de marzo, cuando las autoridades observaron un aumento de casos de influenza y pensaron que estaban viendo episodios estacionales de la convencional.

De acuerdo con la revista médica The Lancet, el primer caso confirmado en personas se produjo en California, cuando los expertos de los Centros de Control de Enfermedades en Atlanta (CDC) constataron en dos individuos la presencia del virus que la causa, el H1N1. Era 21 de abril. Cuatro días después, las autoridades mexicanas anunciaron que habían detectado el mismo germen. El torbellino de personas asustadas, colegios vacíos y mascarillas en la calle ya nos son familiares.

El mundo se ha enfrentado recientemente a varios brotes epidémicos, como la neumonía atípica o síndrome respiratorio revero y agudo (SARS), una dolencia grave producida por un coronavirus muy contagioso que irrumpió en Hong Kong, en 2002. Aquel brote finalmente se contuvo. ¿Esta vez será diferente? Cuando este ejemplar de MUY llegue al quiosco, es posible que el foco mexicano se haya convertido en una pandemia; quizá en una suave, o puede que en algo más preocupante. También puede ocurrir que se apague, tras dejar miles de infectados y más de 150 muertos. Pero los virus son impredecibles. No hay bola de cristal que nos asegure cómo van a extenderse y mutar. La gripe porcina es una enfermedad habitual en el cerdo. Un documento de los CDC indica que entre el 30% y el 50% de la cabaña porcina americana está griposa. “Los animales se infectan durante todo el año”, explica Amelia Nieto, investigadora del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, en Madrid. Nos parecemos tanto genéticamente a los cerdos –con perdón– que no tenemos problemas en intercambiar patógenos con ellos. Según Juan Ortín, investigador del cita do centro, “es frecuente que los virus gripales porcinos infecten a seres humanos, y viceversa”.

En este juego puede ocurrir casi cualquier cosa. Por ejemplo, el 3 de mayo la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (CFIA) informó de que un granjero portador del virus había contagiado a varios cerdos en Alberta, Canadá. La cepa responsable de las víctimas en México, que pertenece al subtipo H1N1, contiene el componente H1. Este se encuentra tanto en el virus de la gripe humana como en el de la porcina. “Lo que no es normal es que, una vez que han dado el salto del cerdo al hombre, los virus se transmitan entre nosotros, como ha sucedido ahora”, dice Ortín.

Las incógnitas persisten. “No sabemos por qué el virus causa tantas muertes en México y no en otros países”, indica Nieto. “Puede haber dos explicaciones. Una se relaciona con las condiciones sanitarias mexicanas: la ausencia de antivirales para administrar en los casos de infección severa y las condiciones inmunológicas de la población”, sugiere esta experta. La otra posibilidad es, según ella, que “el virus porcino que allí circula esté mas alejado del virus humano del año pasado”. En otras palabras, las cepas convencionales que atacaron a los mexicanos en 2008 son menos similares al virus porcino que las de la influenza que se instaló el último invierno en EE UU. “Los mexicanos podrían tener un recuerdo inmunológico peor que el de los estadounidenses.

"Esto es raro porque normalmente los virus humanos circulantes son muy parecidos”, continúa. El goteo de muertes en mayo en EE UU responde así a lo que los expertos esperan, que es un número relativamente bajo de fallecimientos en el mundo. Obviamente, esto dependerá de la virulencia del nuevo patógeno. El foco infeccioso de México trae inevitables recuerdos de la gripe española de 1918. El calificativo de española es injusto, ya que no surgió en nuestro país, sino en una guarnición militar en Fort Riley (Kansas, EE UU). Lo que sucedió en aquel momento es que la prensa de España –país neutral en la Primera Guerra Mundial– no ocultó los estragos de la enfermedad; en cambio, los medios de comunicación de los países participantes en el conflicto bélico sufrían la censura y no podían informar de las muertes para no desalentar a las tropas.

La pandemia de 1918 fue “la más devastadora que jamás hemos sufrido en nuestra historia”, declaró al periódico The New York Times John R. La Montagne, jefe del departamento de enfermedades infecciosas del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EE UU. El número de víctimas calculadas oscila, según las fuentes, entre 20 y 40 millones. En cualquier caso, las cifras de mortalidad son similares a las que alcanzó la peste bubónica –la llamada Muerte Negra– entre 1347 y 1351, que pudo infectar a unos 2.000 millones de personas. Esto explicaría el alto número de víctimas que dejó, a pesar de que la mortalidad del virus fue del 2,5%, es decir, mató a 2,5 de cada cien contagiados. Durante el pasado siglo hubo dos pandemias más: en 1957, la fiebre asiática, que liquidó a unos 70.000 norteamericanos, y 11 años después, la fiebre de Hong Kong, con unas 28.000 víctimas. El de la gripe es un virus cuyo material genético es de ARN. Para multiplicarse, necesita colarlo –junto a un paquete de enzimas– en una célula y secuestrar su maquinaria para hacer las copias de ARN que integrarán los nuevos virus o viriones. Así, si un cerdo es infectado por el virus humano y el porcino a la vez, el resultado puede ser un virión con un ARN que contenga fragmentos de las dos especies. Estos híbridos cocinados en el animal pueden saltar de nuevo al hombre. Hoy, las variantes que circulan por los humanos son del tipo H1N1, H1N3 y H3N2. Los investigadores están dilucidando cuál es la estructura genética exacta del nuevo virus –tipo H1N1– responsable del brote.

Si echamos un vistazo atrás, los pronósticos no resultan alentadores. En un informe de la revista The Lancet publicado en 2006, el equipo del especialista Christopher Murray analizó los datos de la gripe de 1918 y predijo que la próxima pandemia mataría a unos 62 millones de personas, de las cuales el 96% se localizaría en países del tercer mundo. Los habitantes de los países en desarrollo y las poblaciones de refugiados –se calcula que en el mundo hay 50 millones de personas desplazadas de sus hogares por conflictos bélicos, de las que la mitad son niños– son los que sufrirían las peores consecuencias; en definitiva, los que viven en el umbral de la pobreza. Es una triste noticia que nos hace recordar que las enfermedades tropicales, las fiebres y los parásitos matan a millones de ellos cada año sin merecer una columna de un periódico.

Fuente: Muy Interesante

joancaso | General, Salud | 6 Junio, 12:51am

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